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Iara Lee
Iara Lee
[Jul 2010]
ISRAEL  columna 

El Hip Hop como resistencia global

Rodando mi película documental sobre música electrónica, Modulations (Modulaciones), de 1998, aprendí mucho sobre la música rap. La genialidad del hip hop surgió al principio como un entretenimiento colectivo —la población urbana pobre rescataba partituras musicales para crear algo totalmente nuevo— pero pronto se transformó en una expresión de dolor e indignación cuando Ronald Reagan, el crack, la cocaína y la violencia pandillera hundieron en la miseria a las comunidades afroamericanas y los guetos de Harlem a Compton comenzaron a aparecer en los mapas mientras los maestros de ceremonias escribían insolentemente la crónica de la historia no censurada de la América de Reagan.

Luego se descubrió el pastel, y el hip hop se ha extendido más allá de nuestras fronteras para dar voz a las masas silenciadas de lugares como Gaza, Líbano e Iraq; lugares que sufren la desigualdad racial y la ocupación extranjera, y también las consecuencias negativas de las políticas mal concebidas de Estados Unidos.

"Fuck the police coming straight from the underground/ a young nigga's got it bad cause I'm brown/ and not the other color/ so police think/they have the authority/to kill a minority."

(“A El hip hop se ha extendido al extranjero para dar voz a las masas silenciadas de lugares como Gaza, Líbano e Iraqtomar por culo la policía / que venimos de la clandestinidad / un negrata joven lo tiene chungo porque yo soy marrón / y no del otro color / así que la policía piensa / que tiene la autoridad de matar a las minorías.”)

Estas letras de Ice Cube, por ejemplo, podría haberlas pronunciado tranquilamente DAM —Da Arab MCs (Los maestros de ceremonias árabes)—, un trío de hip hop palestino a cuyos integrantes se les ha obligado a vivir como ‘árabes israelíes’ en un barrio pobre de Israel.

La película en la que trabajo actualmente, Cultures of Resistance (Culturas de la Resistencia), que se estrena en otoño de 2010, es una exploración de la variedad del activismo en un mundo plagado de guerras, opresión y pobreza. Presto especial atención a la actividad creativa en concreto, y en mis viajes por Oriente Medio encontré un renacer del hip hop de la mano de artistas como The Ramallah Underground y Shadia Mansour, ambos palestinos, así como el rapero iraquí establecido en Londres, Lowkey (que son todos parte de un colectivo más amplio conocido como la Liga Árabe de Hip Hop). Sus corrientes arremeten contra la tiranía de la ocupación israelí y estadounidense de sus tierras al mismo tiempo que hacen un llamamiento por la igualdad de todas las personas y reafirman su identidad árabe a pesar de los brutales intentos de supresión cultural. El objetivo, decía Shadia, era contar al mundo que "Palestina está en el mapa", y siempre lo estará.

Al igual que los maestros de ceremonias de generaciones anteriores, la tecnología también ha sido de ayuda gracias a las redes sociales como Facebook, Twitter, Myspace y Youtube, permitiendo a estos artistas y a otros como ellos difundir su música a escala mundial. La misma Internet que fue desarrollada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha tenido un efecto bumerán al ayudar a los adversarios del imperialismo a conectarse a través de lasEl hip hop palestino arremete contra la ocupación, llama a la igualdad y reafirma la identidad árabe fronteras como los artistas y activistas. Esto ha facilitado algunas colaboraciones muy interesantes. Muy recientemente, Lowkey y Shadia Mansour pudieron entrar en contacto con el reconocido académico Norman Finkelstein para embarcarse en el ‘Tour por una Palestina libre’ con motivo del lanzamiento del último libro de Finkelstein, Esta vez fuimos demasiado lejos, un recuento minucioso y agudo de la sangrienta operación israelí ‘Plomo Fundido’ en la Franja de Gaza el año pasado.

Junto con otros artistas árabes de hip hop, Shadia y Lowkey también han organizado una gira con un gran número de destacados espectáculos de hip hop en Estados Unidos, y mientras en Nueva York le hicieron una visita a DJ Jonnny "Juice" Rosado, el productor de los legendarios Public Enemy —influencia temprana y natural de la resistencia— se interesó por los raperos árabes.

Afortunadamente, Shadia y Lowkey no son una excepción. Tuve la oportunidad de conocer a muchos, muchos otros artistas de hip hop de la zona, y todos ellos tenían historias de una vida en la que el simple hecho de respirar es un acto de resistencia contra la devastación cultural. Como Katibe 5. Los miembros del grupo, integrado por jóvenes palestinos criados en los campos de refugiados de Líbano, me hicieron una reflexión filosófica sobre las interrelaciones del mundo, y cómo las personas en todas partes deben comprender que sus actos, o la ausencia de ellos, podrían afectar a otros en lugares lejanos como Palestina. Otra popular banda de hip hop que conocí en Gaza fue DARG —Da Arabian Revolutionary Guys (Los chicos árabes de la revolución)—, que no habían podido hacer giras en el extranjero desde que comenzó el bloqueo ilegal. El bloqueo, que desde hace tiempo impide que lleguen los suministros necesarios a la población de Gaza, también se diseñó para impedir que la gente de Gaza exportara su historia al mundo.

Esto ha cambiado, por supuesto, desde que los comandos israelíes masacraran a nueve trabajadores humanitarios en el barco Mavi Marmara, Las raíces del hip hop se han extendido al extranjero como herramienta de resistencia y afirmación culturaluno de los barcos de la Flotilla de la Libertad de Gaza, y se presionara al Gobierno egipcio para suavizar la prohibición de viajar al extranjero impuesta a DARG (ahora están de gira por Europa y vendrán a Estados Unidos este otoño).

No quiero que parezca que estoy agradecida, pero es interesante ver cómo las políticas estadounidenses fallidas y sus efectos desastrosos han dado lugar a vibrantes culturas de hip hop, tanto aquí como en el extranjero. Aunque el hip hop en Estados Unidos está ya muy dominado por la cultura de consumo, las raíces de esta expresión artística siguen siendo fuertes y se han extendido al extranjero, de gueto en gueto, como una herramienta común de resistencia y afirmación cultural. ¿Será la música rap lo que salvará a Palestina, pondrá fin a la guerra de Iraq y acabará con el colonialismo de una vez por todas? Probablemente no. Pero el hip hop se ha presentado a la juventud árabe como una de las pocas herramientas al alcance para recordar al mundo occidental, en su propio idioma, que todavía siguen aquí, y que no serán silenciados.